t amo's profilet amo Dios mussshhhhoooo...PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    El pequeño regalo

    En la plaza mayor de la ciudad habían abierto una tienda nueva.

    El rótulo decía: "Regalos de Dios".

    Entré; un ángel atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté:

     

    - ¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor?

    - Ofrezco cualquier don de Dios.

    - ¿Cobras muy caro?

    - No, los dones de Dios son gratis.

     

    Miré los grandes estantes; estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo tenía gran necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor y le dije al ángel:

     

    - Dame por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación.

     

    Me sorprendí mucho cuando vi que el ángel, de todo lo que yo le había pedido, me había hecho un solo paquete; allí estaba en el mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón.

     

    - ¿Será posible?" pregunté, "¿Esto es todo?"

     

    El ángel me explicó:

    - Es todo, Dios nunca da frutos maduros;

    Él sólo da pequeñas semillas, que cada quien debe cultivar.

     

    Los 10 Mandamientos y el pecado

    El pecado.

    Lee esto, sólo si quieres comprometerte a alejarte de el.

     

     

    La Vida del Cristiano (Parte 1/4)

    http://rosario.org.mx/doctrina/10man_1.htm

     

    ¡Hola! Bienvenido. Muchos nos llamamos cristianos, pero por desgracia, no todos saben en qué consiste este nombre. Cristiano es el que "sigue a Cristo", es decir, sigue su doctrina, sus mandatos, su forma de vivir. La vida cristiana no consiste solamente en participar de ciertas ceremonias o actos litúrgicos, como son recibir los sacramentos, ir a Misa, rezar, etc. La vida cristiana va mucho más allá: abarca cada una de las actividades que una persona realiza y se ejerce durante todos los días de la vida.
    Por esto hemos querido incluir en esta página algo acerca de las actitudes concretas que deben caracterizar a toda persona bautizada en la Iglesia de Cristo, tomando del Catecismo de la Iglesia Católica lo que nos enseña en cuanto al comportamiento de todo cristiano.
    Presentamos, a manera de curso en cinco partes, lo que la Iglesia nos enseña acerca de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, desde luego de manera mucho más breve de cómo lo hace el texto. Te invitamos a que consultes dicho Catecismo para que profundices más en este tema.

     

     

    La Dignidad del hombre   

    "Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó"
    (Gn 1,27).
    El hombre ocupa un lugar único en la creación: está hecho a imagen de Dios. De todas las
    criaturas sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador, sólo él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad. Dios creó al hombre racional dándole la dignidad de persona, dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos; quiso dejarlo en manos de su propia decisión, para que busque a su Creador libremente y alcance así la plena y feliz perfección.
    El hombre posee facultades superiores para alcanzar esa perfección. Estas facultades son la libertad, la inteligencia y la voluntad. La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.

     

    La conciencia moral   Los actos humanos libremente realizados, son calificables moralmente como actos buenos o actos malos.

    El acto moralmente bueno es el que busca un bien propio y de los otros.

    Un acto moralmente malo es el que daña a uno mismo y/o a otros.

    En lo más profundo de su ser el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón, es esta la conciencia, el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está sólo con Dios. La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona reconoce si un acto es bueno o malo. La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral, para distinguir entre los actos buenos y malos y para asumir la responsabilidad de los actos realizados. Es necesario formar la conciencia rectamente, para ello es preciso formular un juicio de acuerdo con la razón y con la ley divina.

     

    El pecado 
    "Pecado" es un concepto teológico, no psicológico ni sociológico, por lo que solo las ciencias religiosas lo estudian como tal, sin embargo, es la realidad más trágica del hombre; nadie puede ignorarlo, aunque se le dan otros nombres. El concepto pecado se entiende a la luz de la fe y de la Revelación cristiana; se define como una ofensa a Dios; San Agustín dice que es "amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios". El hombre, fue creado en el "paraíso", es decir, en estado de gracia; desde el principio pudo elegir entre participar de la comunión con Dios o alejarse de Él. Tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su Creador y abusando de su libertad, desobedeció el mandato del Señor. En esto consistió el primer pecado del hombre. En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad. La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia: el hombre pierde inmediatamente la gracia de la santidad original; la armonía en la que se encontraba, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el hombre "vuelve al polvo del que fue formado"; la muerte hace su entrada en la historia de la humanidad. (Cf. Gn 3, 1-24) La variedad de pecados es grande. La Escritura contiene varias listas, (cf. Gal 5,19-21; Rom 1,28-32; 1Co 6, 9-10). Se pueden distinguir los pecados según su objeto, según las virtudes a las que se oponen, o según los mandamientos que quebrantan. La raíz del pecado está en el corazón del hombre.


    Conviene valorar los pecados según la gravedad:

     

    Pecado original.
    Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él sólo, sino para toda la naturaleza humana. Cediendo ante el diablo, Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Esto es lo que conocemos como pecado original o pecado de los orígenes. Sin embargo, Dios no abandona al hombre al poder de la muerte, inmediatamente anuncia de modo misterioso la victoria sobre el mal y el levantamiento de su caída: anuncia al Mesías redentor, que nos traerá su Gracia para poder vencer al pecado: "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20) (Ver: Sacramentos - La Gracia Divina) El hombre está expuesto siempre al pecado. Es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. El pecado hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. San Agustín lo define como "una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna".

     

    Pecado mortal.  
    El pecado mortal priva al hombre de la gracia de Dios, lo aparta de Él, por una infracción grave a la Ley de Dios.

    Características del pecado mortal:

    Para que un pecado sea mortal se requiere que sea cometido con pleno y deliberado consentimiento.

     

    El endurecimiento del corazón no disminuye, sino aumenta, el carácter voluntario del pecado.

    Para borrarlo es necesaria una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y

    Una conversión del corazón del hombre = el Sacramento de la Reconciliación. (Confesión)

     

    Son pecados mortales, además de las faltas a la Ley de Dios:

    "El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien será reo de pecado eterno" (Mc 3, 29) Jesús se refiere a quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento, rechazando el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Este proceder puede conducir a la condenación eterna.

     

    Los pecados capitales son los que tienen que ver con los vicios, contrarios a las virtudes, se llaman capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza.

     

    Pecado venial El pecado venial deja subsistir la gracia de Dios, aunque la ofende y la hiere, haciendo al hombre aun más débil ante las tentaciones.
    Un pecado es venial cuando falta en materia leve a la Ley de Dios, o cuando se desobedece a esta Ley en materia grave, pero sin pleno conocimiento.


    El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. Para borrarlo es preciso la gracia de Dios y el arrepentimiento del hombre.


    San Agustín dice a cerca del pecado venial: "El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados leves no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos pequeños hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión…."

     

    La proliferación del pecado. El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra vicio por la repetición de actos. De ahí resultan las desviaciones de la conciencia y la confusión entre los actos buenos y los actos malos. Así el pecado tiende a reproducirse y a reforzarse.


    El pecado es un acto personal. Pero se tiene una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando se coopera a ellos:

     

    -participando directa y voluntariamente;

    -ordenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos;

    -no revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo;

    -protegiendo a los que hacen el mal.

     

    Así el pecado convierte a los hombres den cómplices unos de otros. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la voluntad de Dios. Las "estructuras de pecado" son expresión y resultado de los pecados personales; se convierten entonces en "pecado social".

     

     

    Vicios. Un vicio es la repetición de una conducta destructiva, repetición que se vuelve costumbre. Los vicios se catalogan según las virtudes a las que se oponen, generalmente se refieren a los pecados capitales. Se llaman pecados capitales porque son fuente y raíz de otros pecados, son pecados mortales cuando quebrantan en materia grave algún mandamiento de la Ley de Dios. Contra cada pecado capital se debe buscar la práctica de una virtud:

     

    Soberbia, es el deseo desmedido de ser preferido antes que otros por creerse superior. Este pecado perdió a los ángeles rebeldes y provocó el pecado original. Contra la soberbia está la virtud de la Humildad.

     

    Avaricia, es el deseo desordenado de las riquezas. El avaro pone los bienes materiales antes de cualquier otra situación y antes de las personas. Contra la avaricia está la virtud de la Generosidad.

     

    Envidia, es sentir tristeza o coraje por el bien ajeno. La envidia no permite vivir en paz, pues el envidioso está siempre pendiente de los demás, sufriendo por sus éxitos. Contra la envidia está la virtud de la Caridad.

     

    Ira, es el deseo desordenado de venganza. Es muy fácil ser presa de la ira, pues con frecuencia somos víctimas de daños e injusticias. Contra la ira está la virtud de la Mansedumbre.

     

    Lujuria, es el deseo desordenado de los placeres sexuales. La cultura moderna, provoca caer fácilmente en este pecado, por lo que es preciso estar muy atentos. Contra la lujuria está la virtud de la Castidad.

     

    Gula, es el gusto desordenado por la comida y la bebida. Las prácticas piadosas como el ayuno y la oración, ayudan a controlar esta tentación. Contra la gula está la virtud de la Templanza

     

    Pereza, es la falta de ánimo para cumplir las propias obligaciones y para hacer buenas obras. Contra la pereza está la virtud de la Diligencia.

     

    El hombre puede vencer a los vicios si recurre a la gracia de Dios, proponiéndose a practicar las virtudes que harán desaparecer la práctica del vicio.

    Los 10 Mandamientos y el pecado

    La Vida del Cristiano (Parte 2/4)

    http://rosario.org.mx/doctrina/10man_2.htm

     

    La Ley ó Los diez Mandamientos

    El hombre, llamado a la felicidad, pero herido por el pecado, necesita la salvación de Dios. Esta salvación el hombre la recibe por medio de Cristo, sin embargo tiene que esforzarse por merecerla, para eso, cuenta con la ayuda de la ley que lo dirige y de la Gracia de Dios que lo sostiene.

     

    Ley Natural
    La ley natural está gravada en el corazón del hombre, le permite reconocer mediante la razón lo que son el bien y el mal, la verdad y la mentira. No es otra cosa que la luz de la inteligencia puesta en el hombre por Dios, para conocer lo que es preciso hacer y lo que es preciso evitar.

     

    Esta ley es Universal en sus preceptos, expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y sus deberes fundamentales.

     

    Inmutable, permanece a través de las variaciones de la historia y subsiste aun con las diferencias de los pueblos y las culturas.

     

    Indispensable para la edificación de la comunidad de los hombres y proporciona la base necesaria a la ley civil que se adhiere a ella.


    Los preceptos de la ley natural no son percibidos por todos de manera clara e inmediata, por eso el hombre necesita de la Gracia de Dios y de la Revelación para conocer claramente las verdades religiosas y morales.

     

    Ley Moral  
    La Ley Moral es la ley revelada por Dios en las Escrituras: son los Mandamientos de la Ley de Dios. Es lo que debe regir el comportamiento de todo hombre creyente. Se encuentran en el Antiguo Testamento y se comprende mejor en el Nuevo Testamento. La Ley del Evangelio, "da cumplimento", purifica, supera y lleva a la perfección la Ley antigua (Cf. Mt 5, 17-19).


    Los Diez Mandamientos, lejos de ser una lista de prohibiciones que nos incomoden, son un verdadero regalo de Dios. Pongamos un simple ejemplo: el fabricante de un aparato debe incluir un instructivo de uso a quien lo adquiere, de lo contrario el consumidor no sabrá como hacerlo funcionar, por más maravilloso que el aparato sea.


    Bueno, aunque sea muy burda la comparación, Dios es nuestro "fabricante", es decir nuestro Creador, por tanto, sólo Él sabe como podemos "funcionar" realmente, como podemos ser felices y conseguir nuestra realización plena. Por eso, nos reveló su Ley, el "instructivo" con las disposiciones claras de cómo debe ser nuestro comportamiento, si seguimos esa Ley, estamos seguros de que vivimos como lo que somos: Hombres y Mujeres, -con mayúscula- hechos a imagen y semejanza de Dios. Así es que veamos en los Diez Mandamientos el inmenso Amor de Dios que nos quiere ver felices caminando en esta vida por el sendero seguro que nos lleve hacia Él.

    Jesús en el Evangelio, se refiere de una forma muy clara a los Diez Mandamientos:
    "Se le acercó un joven y le dijo: Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús contestó: ¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos…… Amar al prójimo como a sí mismo".
    (Mt. 19-16-21).

     

    Ante la pregunta del joven a Jesús, Él le responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como "el único Bueno", como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara la necesidad de guardar los mandamientos. Ser Cristiano -seguir a Jesús- implica cumplir los mandamientos, a los que Él da la plenitud perfecta. El Decálogo debe ser interpretado a la luz del doble y único mandamiento del amor, plenitud de la Ley. (Cf Jn 13,34; 15,21)

     

    Los diez mandamientos
    La palabra Decálogo significa literalmente "diez palabras", que Dios reveló a su pueblo en la montaña santa. Se refiere a "Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios".


    El Decálogo se comprende ante todo cuando se lee en el contexto del Éxodo, que es el gran acontecimiento liberador de Dios en el centro de la Antigua Alianza; indica las condiciones de una vida liberada de la esclavitud del pecado. El Decálogo es un camino de vida. Pertenece a la revelación que Dios hace de sí mismo y de su gloria. El don de los mandamientos es regalo de Dios y de su santa voluntad. Dando a conocer su voluntad, Dios se revela a su pueblo.


    Los Diez Mandamientos enuncian las exigencias del amor de Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de Dios y los otros siete, al amor al prójimo. Sin embargo, el Decálogo forma un todo indisociable. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros. No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus criaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre.


    Los Diez Mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes.


    La Iglesia reconoce en el Decálogo una importancia y una significación primordiales. En el siglo XV se tomó la costumbre de expresar los preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas y fáciles de memorizar. Los Diez Mandamientos, como la Iglesia los enseña, son:

     

    1. Amarás a Dios sobre todas las cosas

    2. No Tomarás el nombre de Dios en vano

    3. Santificarás las fiestas

    4. Honrarás a tu padre y a tu madre

    5. No matarás

    6. No cometerás actos impuros

    7. No robarás

    8. No dirás falso testimonio ni mentirás.

    9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros

    10. No codiciarás los bienes ajenos

     

    Aunque la mayoría de las fórmulas empleadas en la lista de los Diez Mandamientos, están redactadas en forma de prohibiciones, aquí las traduciremos a invitaciones positivas para actuar como Jesús quiere que actuemos, sin dejar de mencionar la manera original para enumerar cada uno de los Mandamientos.

     

    1er MANDAMIENTO: "AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS"
    "Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor y tú amarás a Yahvé tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas" (Dt 6,4-5) "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente" (Mt 22,37).

     

    En el Evangelio de San Mateo, Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios de manera muy clara, afirmando el primer mandato del Decálogo.


    Dios se da a conocer recordando su acción todopoderosa, bondadosa y liberadora en la historia de aquel a quien se dirige: "Yo te saqué del país de Egipto, de la casa de la servidumbre" (Ex 20,2) La primera palabra contiene el primer mandamiento de la ley. La primera llamada y la justa exigencia de Dios consisten en que el hombre lo acoja y lo adore.


    El primero de los preceptos abarca la Fe, la Esperanza y la Caridad. Porque Dios es constante, inmutable, siempre el mismo, fiel, perfectamente justo, el hombre debe necesariamente aceptar sus palabras y tener en Él una fe y una confianza completas. Él es todopoderoso, clemente, infinitamente inclinado a hacer el bien. ¿Quién podría no poner en Él todas sus esperanzas? Y quién podrá no amarlo contemplando todos los tesoros de bondad y de ternura que ha derramado en nosotros? De ahí esa fórmula que Dios emplea en la Sagrada Escritura tanto al comienzo como al final de sus preceptos: "Yo soy el Señor"

     

    La Fe  
    La Fe es una virtud teologal, el cristiano la recibe en el Bautismo. Consiste en Creer en Dios, en lo que Él es: Amor infinito. En creerle a Dios; a su Revelación; en abandonarse a sus proyectos y a su voluntad.


    La vida moral tiene su fuente en la fe en Dios que nos revela su amor. S. Pablo habla de la "obediencia de la fe" como de la primera obligación. Hace ver en el "desconocimiento de Dios" el principio de la explicación de todas las desviaciones morales (cf. Rm 1, 5ss). Nuestro deber para con Dios es creer en Él y dar testimonio de Él.


    El primer mandamiento nos pide que alimentemos y guardemos con prudencia y vigilancia nuestra fe y que rechacemos todo lo que se opone a ella. Hay diversas maneras de pecar contra la fe:

     

    La duda voluntaria respecto a la fe descuida o rechaza tener por verdadero lo que Dios ha revelado y la Iglesia propone creer.

     

    La duda involuntaria es la vacilación en creer, la dificultad de superar las objeciones con respecto a la fe o la ansiedad suscitada por la oscuridad de ésta. Si la duda se fomenta deliberadamente, puede conducir a la ceguera del espíritu.

     

    La incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario a las verdades de fe. Se llama herejía la negación de un dogma (verdad que ha de creerse); se llama apostasía al rechazo total de la fe cristiana; cisma es el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión de los miembros de la Iglesia.

     

    La Esperanza
    La
    Esperanza es una virtud teologal que el cristiano recibe en el Bautismo. Consiste en confiar en la bondad y providencia de Dios, esperando recibir de Él lo necesario para nuestro bien y salvación.


    Cuando Dios se revela y llama al hombre, éste no puede responder plenamente al amor divino por sus propias fuerzas. Debe esperar que Dios le dé capacidad de devolverle el amor y de obrar conforme a los mandamientos de la caridad. La esperanza es aguardar confiadamente la bendición divina y la bienaventurada visión de Dios; es también el temor de ofender el amor de Dios.


    El primer mandamiento se refiere también a los pecados contra la esperanza, que son:

    La desesperación, cuando el hombre deja de esperar de Dios su salvación personal, el auxilio para llegar a ella o el perdón de sus pecados. Se opone a la bondad de Dios, a su Justicia.

     

    La presunción, es cuando el hombre presume de sus capacidades (esperando salvarse sin la ayuda de lo alto), o cuando el hombre presume de la omnipotencia o la misericordia divinas (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito.

     

    La Caridad
    La
    caridad es la mayor de las tres virtudes teologales (Cf. 1Cor 13); el cristiano la recibe en el Bautismo. Es el Amor, a Dios y al prójimo.


    La fe en el amor de Dios encierra la llamada y la obligación de responder a la caridad divina mediante un amor sincero. El primer mandamiento nos ordena amar a Dios sobre todas las cosas y a las criaturas por Él y a causa de Él.


    Se puede pecar de diversas maneras contra el amor de Dios:

    La indiferencia descuida o rechaza la consideración del amor divino; desprecia su acción y niega su fuerza.

     

    La ingratitud omite o se niega a reconocer el amor divino y devolverle amor por amor.

    La tibieza es una vacilación o negligencia en responder al amor divino.

    La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir apatía por el bien divino.

     

    El odio a Dios tiene su origen en el orgullo, se opone al amor de Dios, cuya bondad niega y lo maldice, porque condena el pecado e inflige penas.

     

    Religión y devoción
    La adoración es el primer acto de la virtud de la religión. Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo.


    Los actos de fe, esperanza y caridad que ordena el primer mandamiento se realizan en la oración. La elevación del espíritu hacia Dios es una expresión de nuestra adoración a Dios.


    Es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración y de gratitud, de súplica y de comunión. El sacrificio exterior, para ser auténtico, debe ser expresión del sacrificio espiritual.


    El voto es una promesa deliberada y libre hecha a Dios acerca de un bien posible y mejor, es un acto de devoción en el que el cristiano se consagra a Dios o le promete una obra buena. La fidelidad a las promesas hechas a Dios es una manifestación de respeto a la Majestad divina y de amor hacia el Dios fiel.

     

    Pecados contra el primer mandamiento
    El primer mandamiento prohibe honrar a dioses distintos del Único Señor que se ha revelado a su pueblo. Son pecados contra este mandamiento:

     

    La superstición que es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Hay superstición cuando se pretende utilizar y poner de parte de uno los poderes divinos.

     

    Ejemplo de una práctica de superstición: creer en la "buena o mala suerte" y buscar controlarla con objetos, piedras, imágenes, hierbas, perfumes, etc.

     

    La idolatría, es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura, a una situación, o a una materia en lugar de Dios.

     

    Magia o hechicería, es una perversión de la religión, al tratar de hacer reaccionar las fuerzas divinas por medio de determinados actos. También la llamada "magia blanca", es un pecado contra el primer mandamiento.

     

    La adivinación es una práctica radicalmente contraria a la actitud de confianza que debe distinguir a un cristiano, buscando conocer y manipular el futuro. Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el espiritismo, la consulta a horóscopos, cartas, médium, etc.

     

    La irreligión, cuyos principales pecados son: tentar a Dios, poniendo a prueba de palabra o de obra, su bondad y omnipotencia; el sacrilegio, profanar o tratar indignamente los sacramentos y acciones litúrgicas, las personas, cosas y lugares consagrados a Dios; la simonía, es la compra o venta de cosas espirituales.

     

    El ateísmo, es rechazar o negar la existencia de Dios.

     

    2° MANDAMIENTO: "TRATA CON TODO RESPETO EL NOMBRE DE DIOS" (No Tomarás el Nombre de Dios en Vano)
    El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor. Pertenece, como el primero, a la virtud de la religión. Regula particularmente el uso de nuestra palabra en las cosas santas.

     

    El nombre de Dios es santo, por eso el hombre no puede hacer mal uso de él; ha de emplearlo para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo. Este Mandamiento se refiere a tener sentido de lo sagrado.

     

    Pecados contra el segundo mandamiento
    El Segundo Mandamiento habla del respeto hacia el Nombre de Dios y hacia todo lo sagrado, por lo que prohibe:

     

    Abusar del nombre de Dios, es decir, dar uso inconveniente a su nombre (de las Tres Personas Divinas), al de la Virgen María y de todos los santos.

     

    Las promesas hechas a otro en nombre de Dios comprometen el honor, la fidelidad, la veracidad y la autoridad divinas.

     

    La blasfemia, consiste en proferir contra Dios -interior o exteriormente- palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle a respeto en las expresiones. Esa prohibición se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo usar el nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte.

     

    Jurar en falso y perjuro, es invocar a Dios como testigo de una mentira o de una promesa que no se tiene intención de cumplir.

     

    3er MANDAMIENTO: "SANTIFICARÁS LAS FIESTAS"
    En el Antiguo Testamento, el tercer mandamiento proclama la santidad del sábado: "el día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor" (Ex 31,15). La escritura hace a este propósito memoria de la creación; ve también en el día del Señor un memorial de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto. Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara como signo de la alianza inquebrantable. El sábado interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro. Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero.


    Jesús nunca falta a la santidad de este día, (cf. Mc.1,21; Jn 9,16), sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: "El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc 2,27).


    Jesús resucitó de entre los muertos "el primer día de la semana". En cuanto es el "octavo día", que sigue al sábado, significa la nueva creación inaugurada con la resurrección de Cristo.

     

    Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas, el día del Señor. El sábado que representa la coronación de la primera creación es sustituido por el domingo que recuerda la nueva creación. (Ver: Año Litúrgico - Domingo, Día del Señor)
    El culto de la ley preparaba el misterio de Cristo, y lo que se practicaba en ella prefiguraba algún rasgo relativo a Cristo. La celebración del domingo cumple la prescripción moral, celebrando cada semana al Creador y Redentor.


    La celebración dominical tiene un papel principalísimo en la vida de la Iglesia, esta práctica se remonta a sus primeros años (cf. Hch 2,42-46; 1 Col 11,17)


    La Eucaristía (Misa) del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar de la Misa todos los domingos y días de precepto, a no ser que tengan una razón seria (enfermedad, cuidado de niños pequeños, etc) o que estén dispensados por su propio pastor.

     

    * Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave *

    Los cristianos deben santificar también el domingo dedicando a su familia el tiempo y las atenciones que no se les pueden dar los otros días de la semana. El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles deben abstenerse de aquellos trabajos que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo. Todo cristiano debe evitar imponer a otro, sin necesidad, impedimento para guardar el día del Señor.

    Los 10 Mandamientos y el pecado

    La Vida del Cristiano (Parte 3/4)

    http://rosario.org.mx/doctrina/10man_3.htm

     

    Cuarto mandamiento"HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE"
    "Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos a otros… como yo los he amado" (Jn 13,34)
    "… pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley. …..Con el amor, no se hace ningún mal al prójimo. Por esto en el amor cabe toda la Ley" (Rm 13,8-10)

     

    A partir del 4° Mandamiento, la Ley de Dios se refiere al amor al prójimo, es el nuevo mandamiento al que Jesús se refiere en el Evangelio.


    El Cuarto Mandamiento lleva consigo una promesa: "Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra" (Ef 6, 1-3)


    Dios quiso que después de a Él, honráramos a nuestros padres. Este mandamiento se dirige expresamente a los hijos en sus relaciones con sus padres, así como también a las relaciones de parentesco con los miembros del grupo familiar. Exige que se dé honor, afecto y reconocimiento a los abuelos y antepasados. Finalmente se extiende a los deberes de los alumnos respecto a los maestros, de los empleados respecto a los patronos, de los subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos respecto a su patria, a los que la administran o la gobiernan.


    Este mandamiento implica y sobreentiende los deberes de los padres, tutores, maestros, jefes, magistrados, gobernantes, de todos los que ejercen una autoridad sobre otros o sobre una comunidad de personas.

     

    Obligaciones   
    Al observar este mandamiento obtenemos no sólo frutos espirituales, también frutos temporales de paz y de prosperidad. Y al contrario, desobedecerlo, produce grandes daños para las comunidades y las personas.


    El cuarto mandamiento se refiere primero al matrimonio y la familia, -instituidos por Dios al crear al hombre y a la mujer- busca el bien de los esposos y el reconocimiento de la igual dignidad de todos sus miembros. En la familia, célula original de la vida social, es en donde se aprende a honrar a Dios y a respetar a las personas.

     

    El cuarto mandamiento:

    Ilumina nuestras relaciones en la sociedad, conforme a la dignidad de todas las personas deseosas de justicia y fraternidad.

     

    Recuerda a los hijos sus deberes para con los padres: respeto, gratuidad, justa obediencia y ayuda.

     

    Tiene que ver con el respeto filial para las relaciones entre hermanos y hermanas.

    Se refiere a la gratuidad con aquellos de quienes se recibieron el don de la fe, la gracia del Bautismo y la vida en la Iglesia: padres, abuelos, pastores, catequistas, maestros, amigos y otros miembros de la familia.

     

    Recuerda a los padres el deber de atender en la medida de lo posible, las necesidades materiales y espirituales de los hijos y respetar y favorecer la vocación de cada uno, mirándolos siempre como hijos de Dios, respetándolos como personas humanas con deberes y derechos.

     

    Nos ordena también honrar a todos los que para nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad y ordena a quien ejerce una autoridad que lo haga como un servicio, manifestando una justa jerarquía de valores que faciliten el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de cada uno, respetando los derechos fundamentales de la persona humana.

     

    Todos los actos contrarios a las actitudes mencionadas, son pecados contra el cuarto mandamiento.

     

    Quinto mandamiento "AMA, RESPETA Y DEFIENDE LA VIDA HUMANA" (No Matarás)
    La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios.

     

    Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano. Este mandamiento obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.


    En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto "No Matarás" (MT 5,21) y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza; más aun, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla, amar a los enemigos. La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte. Es legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal.


    La legítima defensa es un derecho y un deber, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.


    La Iglesia ha reconocido el derecho y deber de las autoridades para aplicar penas proporcionadas a la gravedad de un delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso de la pena de muerte, siempre y cuando otros medios no basten para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, pues en tal caso, la autoridad se limitará a emplear los medio que correspondan mejor al bien común y sean más conformes con la dignidad de la persona humana.

     

    Pecados contra el quinto mandamiento:

    El homicidio directo y voluntario, como también hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona o exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro.

     

    El aborto, pues la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. El embrión debe ser defendido atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano. La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

     

    La eutanasia, consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, cualquiera que sean los motivos o los medios, es moralmente inaceptable, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto a Dios nuestro Creador. Las personas enfermas deben de ser atendidas para que lleven una vida digna y tan normal como sea posible.

     

    El suicidio, cada uno es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Somos administradores y no propietarios de la vida, no disponemos de ella. El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad; pero, trastornos psíquicos graves, la angustia o el temor a la prueba, al sufrimiento o a la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él sólo conoce, la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

     

    El escándalo es la actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal, puede ocasionar la muerte espiritual, puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión; por esto, constituye una falta grave. Adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen; inducir a un niño al pecado es muy grave, Jesús habló severamente de ello: "Si alguien hace caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mi, mejor sería que le amarraran al cuello una piedra de molino y lo tiraran al mar" (Mt 18, 6; Cf. 1Co 8, 10-13).

     

    Otras acciones que atentan contra el quinto mandamiento son:

    El descuido de la salud física con excesos en la comida, el alcohol, el tabaco y las medicinas.

    El uso de drogas, la producción clandestina y el tráfico de éstas.

    La experimentación en seres humanos.

     

    Los secuestros, el terrorismo, la tortura, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes.

     

    El odio, la cólera y el deseo de venganza; son contrarios a la caridad.

     

    Otras disposiciones  

    Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección.

     

    La autopsia de los cadáveres es moralmente permitida cuando hay razones legales o de investigación científica.

     

    El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y meritorio.

     

    La iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección de los cuerpos.

     

    El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz terrenal que es imagen y fruto de la paz de Cristo, por esto, todo ciudadano y todo gobernante están obligados a evitar las guerras.

     

    La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable.


    "Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,9)

     

    Sexto mandamiento "HONRA A TU CUERPO Y AL DE LOS DEMÁS, PUES SON TEMPLOS DEL ESPÍRITU SANTO" (No Cometerás Actos Impuros)
    Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y, consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión.


    La tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana. La Sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Corresponde a la afectividad, o la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunicación con otro.


    Cada uno, hombre y mujer, debe reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar, así como a la armonía de la pareja humana y de la sociedad.


    Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer y cada uno de los dos sexos es, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador.

     

    El matrimonio
    La sexualidad mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solo cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte.


    Sus expresiones de amor son honestas y dignas, pues significan y fomentan la recíproca donación que los enriquece mutuamente.

     

    Muchas ofensas a la dignidad del matrimonio, son faltas contra el sexto mandamiento:

    El adulterio, se refiere a la infidelidad conyugal. Existe cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional. Es una injusticia contra el cónyuge y contra los hijos, y es una falta a los compromisos contraídos. Es un pecado grave.

     

    El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos. Si se contrae una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, se aumenta la gravedad de la ruptura; el cónyuge casado de nuevo se haya entonces en situación de adulterio público y permanente. Existe sin embargo, la situación de separación de los esposos, que puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico.

     

    La poligamia, niega directamente el designio de Dios, tal como es revelado desde los orígenes, porque es contrario a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, cuya unión conyugal debe ser única y exclusiva.

     

    El incesto, es la relación carnal entre parientes dentro de ciertos grados (Cf. Lv 18, 7-20; 1Co 5, 1.4-5). Esta práctica corrompe las relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad.

     

    La unión libre, es cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual. Es contraria a la ley moral, pues el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental.

     

    La castidad
    La castidad es una virtud, significa lograr la integración de la sexualidad en la persona, y en la unidad interior del hombre en su cuerpo y en su alma; implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una forma de practicar la libertad humana: el hombre puede elegir entre controlar sus pasiones y obtener la paz, o dejarse dominar por ellas y hacerse desgraciado. El dominio de sí mismo es una obra que dura toda la vida. Supone un esfuerzo continuo.


    Hombres y mujeres han de saber que, es posible hoy vivir el valor de la castidad si, deciden permanecer fieles a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones, buscando para ello los medios, como el conocimiento de sí, la frecuencia de la oración y los sacramentos y la obediencia a los mandamientos divinos. Esta virtud forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que sirve para impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.


    La castidad es un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual. El Espíritu Santo concede al bautizado poder imitar la pureza de Cristo. La castidad se expresa y se desarrolla especialmente en la amistad con el prójimo, ésta representa un gran bien para todos, conduce a la comunión espiritual.

     

    Todo bautizado es llamado a la castidad según su estado de vida:

    El casado es llamado a vivir la castidad conyugal y la fidelidad.

    El soltero practica la castidad en la continencia.

    El consagrado vive la castidad en la virginidad o el celibato.

    Los novios deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad en la continencia.

     

    Pecados contra el sexto mandamiento
    Son muchas las ofensas a la castidad, por tanto, pecados contra el sexto mandamiento:

    La lujuria, es el deseo o goce desordenado del placer sexual, es decir cuando es buscado por sí mismo, separando las finalidades de procreación y entrega amorosa. Es además un pecado capital.

     

    La masturbación, es la excitación voluntaria de los órganos genitales para obtener placer sexual; es un acto por sí mismo desordenado y egoísta, pues contradice la finalidad de la mutua entrega y de la procreación.

    La fornicación, es la unión sexual entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana. Es además, un escándalo grave cuando hay de por medio la corrupción de menores.

     

    El adulterio, ofende además a la dignidad del matrimonio, pues se refiere a la infidelidad conyugal. Existe cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional. Es una injusticia contra el cónyuge y contra los hijos, y es una falta a los compromisos contraídos.

     

    La pornografía, consiste en dar a conocer actos sexuales reales o simulados, y en exhibir el cuerpo con el fin de provocar placer o excitación. Es una falta grave, tanto de quien se exhibe, de quien la promueve y de quien la busca (actores, comerciantes, público). Ofende gravemente la castidad y a la dignidad de las personas involucradas, pues cada uno viene a ser para otro, objeto de placer rudimentario.

     

    La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, pues queda reducida a objeto y, de quien la consume, pues peca gravemente contra sí mismo; quebranta la castidad que prometió en el bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo. La prostitución es siempre un pecado, pero la miseria, el chantaje y la presión social pueden atenuar la culpa.

     

    La violación, es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad; lesiona profundamente el derecho al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Es siempre un grave pecado, un acto malo en sí mismo. Peor aun si es cometida por parte de los padres (incesto) o de cuidadores con los niños que les son confiados.

     

    Homosexualidad
    La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante hacia personas del mismo sexo. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. La Sagrada Escritura la presenta como depravación grave (cf. Gn 9,1.29; Rm 1, 24-27)


    La Iglesia declara que los actos homosexuales son en sí mismos desordenados; contrarios a la ley natural; cierran el acto sexual al don de la vida; no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual; no pueden recibir aprobación en ningún caso.

     

    Para los hombres y mujeres que presentan tendencias homosexuales instintivas que no han elegido su condición homosexual, ésta constituye una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza, evitando todo signo de discriminación injusta. Si estas personas son cristianas, han de realizar la voluntad de Dios, uniendo al sacrificio de Cristo las dificultades que encuentren por su condición. Están llamadas a la castidad, mediante el dominio de sí, la educación de la libertad interior y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada.

     

    La oración y la gracia sacramental son muy importantes para ellos, para que consigan la perfección cristiana.