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Los 10 Mandamientos y el pecadoLa Vida del Cristiano (Parte 4 /4) http://rosario.org.mx/doctrina/10man_4.htm
Séptimo mandamiento "RESPETA Y HAS RESPETAR LOS BIENES AJENOS" (No Robarás)
Pecados contra el séptimo mandamiento
El robo, es decir, la usurpación del bien ajeno contra la voluntad de su dueño. Retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos. Defraudar en el ejercicio del comercio. Pagar salarios injustos. Elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas. Incumplir promesas o contratos que se hayan hecho justamente. Celebrar contratos injustos que dañen el respeto a los bienes ajenos. Esclavizar seres humanos por cualquier motivo; comprar, vender o cambiar seres humanos como mercancía.
Ecología El séptimo mandamiento exige el respeto a la integridad de la creación, ya que los animales, las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura.
Exige también el uso responsable de los recursos naturales.
El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica y social, por tanto, debemos procurar que los bienes creados por Dios para todos, lleguen de hecho a todos, en justicia y caridad.
Trabajo humano El trabajo humano tiene un valor primordial; es un deber de todos los hombres "Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma" (2 Ts 23,10; cf. 1 Ts 4,11).
El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo, éste puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo.
El trabajo también es un derecho, cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos y para prestar servicio a la comunidad humana.
Los responsables de las empresas tienen la responsabilidad económica y ecológica de sus operaciones.
Deben considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias. Deber hacer accesible el trabajo a todos sin discriminación injusta.
Deben dar un salario justo, negarlo o retenerlo es contra el séptimo mandamiento. Solidaridad
El amor a los pobres pertenece a la tradición de la Iglesia, es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta. En la miseria humana, bajo diferentes formas, (indigencia material, opresión injusta, enfermedades...) se ve manifiesta la debilidad que el hombre hereda tras el primer pecado. Por eso, los oprimidos -amados por Jesucristo- son objeto de un amor preferencial por parte de la Iglesia.
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales, estas acciones van de la mano con el séptimo mandamiento.
En la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay que reconocer y oír a Jesús que dice: "Cuanto dejaste de hacer con uno de éstos, también conmigo dejaste de hacerlo" (Mt 25,45) )
Octavo mandamiento "HABLA Y ACTÚA SIEMPRE CON LA VERDAD" (No Mentirás) El octavo mandamiento prohibe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Dios es la Verdad, por tanto el hombre está llamado a vivir en la verdad, faltar a ella es un rechazo y una infidelidad a Dios. Jesús nos revela "Yo soy... la Verdad...." (Jn 14,6). El discípulo de Jesús, "permanece en su palabra", para conocer "la verdad que hace libre" (cf. Jn 8, 31-32), Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad.
Cristo dijo ante Pilato que había "venido al mundo; para dar testimonio de la verdad" (Jn 18,37).
Toda falta cometida contra la justicia y la verdad exige el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Es decir, no basta con acudir al sacramento de la reconciliación, es necesario además reparar las falta cometidas, sobre todo contra la reputación del prójimo. Este deber obliga en conciencia.
Pecados contra el octavo mandamiento
Falso testimonio y perjurio. Es una afirmación contraria a la verdad, es más grave cuando se hace públicamente. Ante un tribunal es falso testimonio; si se pronuncia bajo juramento, es perjurio. Estas acciones van en contra de la justicia. El juicio temerario, es admitir como verdadero sin tener fundamento suficiente, un defecto moral del prójimo. La maledicencia, es manifestar los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran, sin razón justificada. La calumnia, que consiste en dañar la reputación de otros por medio de mentiras, provocando juicios falsos con respecto a ellos. Estas tres acciones, faltan al respeto por la reputación o buen nombre de las personas, son contrarias a la justicia y a la caridad. La mentira, consiste en decir falsedad con intención de engañar. Es la ofensa más directa contra la verdad. La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones de quien la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Es un pecado mortal cuando lesiona las virtudes de la justicia y la caridad. Es funesta para la sociedad, ya que daña la confianza entre los hombres y rompe las relaciones sociales. La adulación, es un pecado grave cuando alienta vicios o pecados graves del otro, pues quien adula, se convierte en cómplice. Es un pecado venial, cuando sólo desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajas legítimas. La vanagloria o jactancia, que es mentir a cerca de las propias cualidades o logros; la ironía, que trata de ridiculizar intencionalmente el comportamiento de una persona. . .
Otras disposiciones El derecho a la comunicación de la verdad está condicionado al amor fraterno, que exige en situaciones concretas, revisar si conviene o no revelar la verdad a quien la pide. La caridad y el respeto a la verdad deben de tomarse en cuenta ante la petición de información o de una comunicación.
El secreto del sacramento de la Reconciliación -sigilo- es sagrado y no puede ser revelado por ningún motivo.
Los secretos profesionales y las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, salvo en casos excepcionales, en los que no revelarlos podría causar algún grave daño. Todo esto se debe al respeto que todos merecen de su vida privada.
Los medios de comunicación social tienen el deber de dar información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad, y los cristianos tienen el deber de velar porque esto se lleve a cabo. .
Noveno mandamiento "SÉ SIEMPRE LIMPIO DE MENTE Y CORAZÓN" (No Consentirás Pensamientos Ni Deseos Impuros)
DESEOS E INTENCIONES
La concupiscencia designa toda forma vehemente de deseo humano, contrario a la razón. San Pablo la identifica con la lucha que la "carne" sostiene con el "espíritu" (cf. Ga 5,16.17.24; Ef 2,3). Procede de la desobediencia del primer pecado. Es la inclinación del hombre a hacer el mal. San Juan distingue tres tipos de concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. (cf. 1 Jn 2,16).
Obligaciones Mediante la virtud y el don de la castidad, que permite amar con un corazón recto.
Mediante la pureza de intención, que consiste en buscar el fin verdadero del hombre que es hacer la voluntad de Dios.
Mediante la pureza de la mirada exterior e interior; es decir la disciplina de los sentidos y la imaginación; es por eso que se prohibe la pornografía, pues "la vista despierta la pasión de los insensatos" (Sab 15,5)
Mediante la oración; que es la "fuerza del cristiano", para pedir la asistencia del Espíritu Santo con sus dones.
La pureza exige el pudor. Es parte de la templanza. El pudor guarda la intimidad de la persona y rechaza mostrar lo que debe permanecer velado. Está relacionado con la castidad. Ordena las miradas y los gestos según la dignidad de las personas. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa. Mantiene silencio y reserva donde se adivina una curiosidad malsana; se convierte en discreción. No se debe considerar al pudor como algo "pasado de moda", es una buena costumbre de quien no desea provocar pensamientos y deseos que luego puedan dañar su integridad y su dignidad de persona.
La pureza exige una purificación del clima social.
Los cristianos deben impedir a los medios de comunicación social atentar contra la pureza y pedir a los responsables de la educación que se imparta una enseñanza respetuosa de la verdad y de la dignidad del hombre.
Del mismo modo conviene ser cautelosos en cuanto a la permisividad de las costumbres que se basan en una concepción errónea de la libertad humana.
Décimo mandamiento "ALÉGRATE POR LOS BIENES AJENOS Y AGRADECE LO QUE TU TIENES" (No Codiciarás los Bienes Ajenos)
El décimo mandamiento prohibe: La avaricia, que es el deseo desesperado por tener bienes materiales. Este deseo puede conducir a desear cometer injusticias o daños al prójimo con tal de obtener los bienes deseados. Puede adoptar la forma de codicia que es el deseo de querer más cada vez; o la forma de tacañería, que implica el no querer compartir los propios bienes e incluso, evitar los gastos necesarios y razonables para uno mismo.
La envidia, es un pecado capital. Es la tristeza que se siente ante al bien del prójimo y el deseo desesperado de poseerlo de cualquier forma. Cuando se desea un mal al prójimo por envidia, es un pecado mortal.
Obligaciones Para luchar contra la envidia es preciso practicar la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo, para combatirlo es necesario esforzarse por vivir en la humildad.
Jesús exhorta a sus discípulos a ser "Pobres de espíritu", esta bienaventuranza se refiere al desprendimiento de las riquezas, que pone como condición necesaria para entrar en el Reino de los cielos (cf. Lc 21,4). Juan Pablo II, en su encíclica Solicitudo rei socialis, dice: "Los bienes de este mundo están originalmente destinados a todos. El derecho a la propiedad es válido y necesario pero no anula el valor de tal principio...".
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