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    Los 10 Mandamientos y el pecado

    La Vida del Cristiano (Parte 3/4)

    http://rosario.org.mx/doctrina/10man_3.htm

     

    Cuarto mandamiento"HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE"
    "Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos a otros… como yo los he amado" (Jn 13,34)
    "… pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley. …..Con el amor, no se hace ningún mal al prójimo. Por esto en el amor cabe toda la Ley" (Rm 13,8-10)

     

    A partir del 4° Mandamiento, la Ley de Dios se refiere al amor al prójimo, es el nuevo mandamiento al que Jesús se refiere en el Evangelio.


    El Cuarto Mandamiento lleva consigo una promesa: "Para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra" (Ef 6, 1-3)


    Dios quiso que después de a Él, honráramos a nuestros padres. Este mandamiento se dirige expresamente a los hijos en sus relaciones con sus padres, así como también a las relaciones de parentesco con los miembros del grupo familiar. Exige que se dé honor, afecto y reconocimiento a los abuelos y antepasados. Finalmente se extiende a los deberes de los alumnos respecto a los maestros, de los empleados respecto a los patronos, de los subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos respecto a su patria, a los que la administran o la gobiernan.


    Este mandamiento implica y sobreentiende los deberes de los padres, tutores, maestros, jefes, magistrados, gobernantes, de todos los que ejercen una autoridad sobre otros o sobre una comunidad de personas.

     

    Obligaciones   
    Al observar este mandamiento obtenemos no sólo frutos espirituales, también frutos temporales de paz y de prosperidad. Y al contrario, desobedecerlo, produce grandes daños para las comunidades y las personas.


    El cuarto mandamiento se refiere primero al matrimonio y la familia, -instituidos por Dios al crear al hombre y a la mujer- busca el bien de los esposos y el reconocimiento de la igual dignidad de todos sus miembros. En la familia, célula original de la vida social, es en donde se aprende a honrar a Dios y a respetar a las personas.

     

    El cuarto mandamiento:

    Ilumina nuestras relaciones en la sociedad, conforme a la dignidad de todas las personas deseosas de justicia y fraternidad.

     

    Recuerda a los hijos sus deberes para con los padres: respeto, gratuidad, justa obediencia y ayuda.

     

    Tiene que ver con el respeto filial para las relaciones entre hermanos y hermanas.

    Se refiere a la gratuidad con aquellos de quienes se recibieron el don de la fe, la gracia del Bautismo y la vida en la Iglesia: padres, abuelos, pastores, catequistas, maestros, amigos y otros miembros de la familia.

     

    Recuerda a los padres el deber de atender en la medida de lo posible, las necesidades materiales y espirituales de los hijos y respetar y favorecer la vocación de cada uno, mirándolos siempre como hijos de Dios, respetándolos como personas humanas con deberes y derechos.

     

    Nos ordena también honrar a todos los que para nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad y ordena a quien ejerce una autoridad que lo haga como un servicio, manifestando una justa jerarquía de valores que faciliten el ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de cada uno, respetando los derechos fundamentales de la persona humana.

     

    Todos los actos contrarios a las actitudes mencionadas, son pecados contra el cuarto mandamiento.

     

    Quinto mandamiento "AMA, RESPETA Y DEFIENDE LA VIDA HUMANA" (No Matarás)
    La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios.

     

    Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano. Este mandamiento obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.


    En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto "No Matarás" (MT 5,21) y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza; más aun, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla, amar a los enemigos. La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte. Es legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal.


    La legítima defensa es un derecho y un deber, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.


    La Iglesia ha reconocido el derecho y deber de las autoridades para aplicar penas proporcionadas a la gravedad de un delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso de la pena de muerte, siempre y cuando otros medios no basten para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, pues en tal caso, la autoridad se limitará a emplear los medio que correspondan mejor al bien común y sean más conformes con la dignidad de la persona humana.

     

    Pecados contra el quinto mandamiento:

    El homicidio directo y voluntario, como también hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona o exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro.

     

    El aborto, pues la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. El embrión debe ser defendido atendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano. La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. El aborto directo, es decir, buscado como un fin o como un medio, es una práctica infame. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana.

     

    La eutanasia, consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas, cualquiera que sean los motivos o los medios, es moralmente inaceptable, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto a Dios nuestro Creador. Las personas enfermas deben de ser atendidas para que lleven una vida digna y tan normal como sea posible.

     

    El suicidio, cada uno es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. Somos administradores y no propietarios de la vida, no disponemos de ella. El suicidio es gravemente contrario a la justicia, a la esperanza y a la caridad; pero, trastornos psíquicos graves, la angustia o el temor a la prueba, al sufrimiento o a la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él sólo conoce, la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

     

    El escándalo es la actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal, puede ocasionar la muerte espiritual, puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión; por esto, constituye una falta grave. Adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen; inducir a un niño al pecado es muy grave, Jesús habló severamente de ello: "Si alguien hace caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mi, mejor sería que le amarraran al cuello una piedra de molino y lo tiraran al mar" (Mt 18, 6; Cf. 1Co 8, 10-13).

     

    Otras acciones que atentan contra el quinto mandamiento son:

    El descuido de la salud física con excesos en la comida, el alcohol, el tabaco y las medicinas.

    El uso de drogas, la producción clandestina y el tráfico de éstas.

    La experimentación en seres humanos.

     

    Los secuestros, el terrorismo, la tortura, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes.

     

    El odio, la cólera y el deseo de venganza; son contrarios a la caridad.

     

    Otras disposiciones  

    Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección.

     

    La autopsia de los cadáveres es moralmente permitida cuando hay razones legales o de investigación científica.

     

    El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y meritorio.

     

    La iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección de los cuerpos.

     

    El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz terrenal que es imagen y fruto de la paz de Cristo, por esto, todo ciudadano y todo gobernante están obligados a evitar las guerras.

     

    La carrera de armamentos es una plaga gravísima de la humanidad y perjudica a los pobres de modo intolerable.


    "Bienaventurados los que construyen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,9)

     

    Sexto mandamiento "HONRA A TU CUERPO Y AL DE LOS DEMÁS, PUES SON TEMPLOS DEL ESPÍRITU SANTO" (No Cometerás Actos Impuros)
    Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor. Creándola a su imagen, Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y, consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del amor y de la comunión.


    La tradición de la Iglesia ha entendido el sexto mandamiento como referido a la globalidad de la sexualidad humana. La Sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Corresponde a la afectividad, o la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunicación con otro.


    Cada uno, hombre y mujer, debe reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar, así como a la armonía de la pareja humana y de la sociedad.


    Dios da la dignidad personal de igual modo al hombre y a la mujer y cada uno de los dos sexos es, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la generosidad y la fecundidad del Creador.

     

    El matrimonio
    La sexualidad mediante la cual el hombre y la mujer se dan el uno al otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano solo cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte.


    Sus expresiones de amor son honestas y dignas, pues significan y fomentan la recíproca donación que los enriquece mutuamente.

     

    Muchas ofensas a la dignidad del matrimonio, son faltas contra el sexto mandamiento:

    El adulterio, se refiere a la infidelidad conyugal. Existe cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional. Es una injusticia contra el cónyuge y contra los hijos, y es una falta a los compromisos contraídos. Es un pecado grave.

     

    El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos. Si se contrae una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, se aumenta la gravedad de la ruptura; el cónyuge casado de nuevo se haya entonces en situación de adulterio público y permanente. Existe sin embargo, la situación de separación de los esposos, que puede ser legítima en ciertos casos previstos por el Derecho Canónico.

     

    La poligamia, niega directamente el designio de Dios, tal como es revelado desde los orígenes, porque es contrario a la igual dignidad personal del hombre y de la mujer, cuya unión conyugal debe ser única y exclusiva.

     

    El incesto, es la relación carnal entre parientes dentro de ciertos grados (Cf. Lv 18, 7-20; 1Co 5, 1.4-5). Esta práctica corrompe las relaciones familiares y representa una regresión a la animalidad.

     

    La unión libre, es cuando el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica y pública a una unión que implica la intimidad sexual. Es contraria a la ley moral, pues el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave y excluye de la comunión sacramental.

     

    La castidad
    La castidad es una virtud, significa lograr la integración de la sexualidad en la persona, y en la unidad interior del hombre en su cuerpo y en su alma; implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una forma de practicar la libertad humana: el hombre puede elegir entre controlar sus pasiones y obtener la paz, o dejarse dominar por ellas y hacerse desgraciado. El dominio de sí mismo es una obra que dura toda la vida. Supone un esfuerzo continuo.


    Hombres y mujeres han de saber que, es posible hoy vivir el valor de la castidad si, deciden permanecer fieles a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones, buscando para ello los medios, como el conocimiento de sí, la frecuencia de la oración y los sacramentos y la obediencia a los mandamientos divinos. Esta virtud forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que sirve para impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.


    La castidad es un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual. El Espíritu Santo concede al bautizado poder imitar la pureza de Cristo. La castidad se expresa y se desarrolla especialmente en la amistad con el prójimo, ésta representa un gran bien para todos, conduce a la comunión espiritual.

     

    Todo bautizado es llamado a la castidad según su estado de vida:

    El casado es llamado a vivir la castidad conyugal y la fidelidad.

    El soltero practica la castidad en la continencia.

    El consagrado vive la castidad en la virginidad o el celibato.

    Los novios deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad en la continencia.

     

    Pecados contra el sexto mandamiento
    Son muchas las ofensas a la castidad, por tanto, pecados contra el sexto mandamiento:

    La lujuria, es el deseo o goce desordenado del placer sexual, es decir cuando es buscado por sí mismo, separando las finalidades de procreación y entrega amorosa. Es además un pecado capital.

     

    La masturbación, es la excitación voluntaria de los órganos genitales para obtener placer sexual; es un acto por sí mismo desordenado y egoísta, pues contradice la finalidad de la mutua entrega y de la procreación.

    La fornicación, es la unión sexual entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana. Es además, un escándalo grave cuando hay de por medio la corrupción de menores.

     

    El adulterio, ofende además a la dignidad del matrimonio, pues se refiere a la infidelidad conyugal. Existe cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque sea ocasional. Es una injusticia contra el cónyuge y contra los hijos, y es una falta a los compromisos contraídos.

     

    La pornografía, consiste en dar a conocer actos sexuales reales o simulados, y en exhibir el cuerpo con el fin de provocar placer o excitación. Es una falta grave, tanto de quien se exhibe, de quien la promueve y de quien la busca (actores, comerciantes, público). Ofende gravemente la castidad y a la dignidad de las personas involucradas, pues cada uno viene a ser para otro, objeto de placer rudimentario.

     

    La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, pues queda reducida a objeto y, de quien la consume, pues peca gravemente contra sí mismo; quebranta la castidad que prometió en el bautismo y mancha su cuerpo, templo del Espíritu Santo. La prostitución es siempre un pecado, pero la miseria, el chantaje y la presión social pueden atenuar la culpa.

     

    La violación, es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad; lesiona profundamente el derecho al respeto, a la libertad, a la integridad física y moral. Es siempre un grave pecado, un acto malo en sí mismo. Peor aun si es cometida por parte de los padres (incesto) o de cuidadores con los niños que les son confiados.

     

    Homosexualidad
    La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante hacia personas del mismo sexo. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. La Sagrada Escritura la presenta como depravación grave (cf. Gn 9,1.29; Rm 1, 24-27)


    La Iglesia declara que los actos homosexuales son en sí mismos desordenados; contrarios a la ley natural; cierran el acto sexual al don de la vida; no proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual; no pueden recibir aprobación en ningún caso.

     

    Para los hombres y mujeres que presentan tendencias homosexuales instintivas que no han elegido su condición homosexual, ésta constituye una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza, evitando todo signo de discriminación injusta. Si estas personas son cristianas, han de realizar la voluntad de Dios, uniendo al sacrificio de Cristo las dificultades que encuentren por su condición. Están llamadas a la castidad, mediante el dominio de sí, la educación de la libertad interior y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada.

     

    La oración y la gracia sacramental son muy importantes para ellos, para que consigan la perfección cristiana.

    Comments (2)

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    falta el septimo el octavo el noveno y el decimo mandamiento
    Aug. 13
    los pecados estan bien pero deberia haber de los dies faltan cuatro mandamientos
    July 30

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